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VII Domingo de Pascua

Comentario dominical

16 de mayo de 2021

Por: P. José Samuel Torres Tangua, CSsR

Ciclo B: Mc. 16, 15 20

Celebramos hoy la Ascensión del Señor. Una fiesta llena de esperanza en la vida plena. Jesús llega a la casa del Padre después de caminar, enseñar, servir, morir en la cruz y resucitar. Esta celebración la confesamos en uno de los artículos del credo “subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre”. Jesús promete a sus seguidores que un día podremos participar con él en la gloria del Padre. Sube a los cielos y al mismo tiempo continúa presente en la Iglesia que camina a la meta definitiva.

La fiesta de la Ascensión es un acontecimiento que confesamos en nuestra fe y de la cual nos habla el Nuevo Testamento, como lo escuchamos en las lecturas de este domingo. Es un evento que se celebra en este ambiente pascual.

En la primera lectura, San Lucas cuenta a las comunidades cristianas el hecho de la Ascensión. Los seguidores de Cristo no lo podrán ver de manera visible, pero él se hará presente en ellos perpetuamente. No es posible comprender el acontecimiento narrado en toda su profundidad. El texto bíblico lo expresa con un lenguaje sencillo y comprensible a las comunidades cristianas. En la versión de los Hechos de los Apóstoles, Jesús asciende a los cielos a los 40 días después de la resurrección. Este acontecimiento de la Ascensión es narrado por Lucas y por San Juan y en estas versiones el acontecimiento ocurre en el mismo día de la resurrección. Más que en los detalles, la versión de los Hechos invita a detenernos en algunos aspectos especiales.

  • Mi querido Teófilo. Lucas enlaza su evangelio con la lectura de los Hechos. Es como la segunda parte de su obra. La historia de la Iglesia naciente se une estrechamente con la vida y obra de Jesús. El texto está dedicado a “mi querido Teófilo” (Hch 1,1; Lc 1,3) que en lenguaje sencillo significa “amigo de Dios”. Es una dedicación eclesial y universal; todos somos llamados teólfilos, amigos de Dios. Este texto contiene una invitación de la cual debemos sentirnos partícipes.
  • La Promesa del Espíritu. Lucas narra que después de la resurrección Jesús se apareció varias veces a la comunidad. Habla de 40 días, número simbólico que se encuentra en varios momentos en la historia de la salvación. Los 40 días de Moisés en la montaña (Ex 24,18); los 40 días en los que Elías peregrinó (1Re 19,8); los 40 días en los que Jesús experimentó la prueba en el desierto (Lc 4,2). Es un tiempo de duda, de incertidumbre, de prueba, de fe. Es la situación de la comunidad primitiva ante los sucesos de la muerte de Jesús, su esperanza. Lucas recuerda a los miembros de la comunidad, que Jesús vive y que no se deben alejar de Jerusalén, pues serán bautizados con el Espíritu Santo.
  • Ascensión de Jesús. Jesús se manifiesta a la comunidad durante 40 días, está vivo. Su presencia es real, pero al mismo tiempo se subraya su distinción. La nube que lo oculta, cuando asciende, indica una manera nueva de entender y experimentar su presencia. Jesús está presente de una manera nueva, es decir, por medio de su Espíritu. Surge la identidad de la comunidad, la cual debe testificar su presencia permanente y dinámica por medio de su testimonio de vida.
  • ¿Qué hacen ahí mirando el Cielo? Expresión de extrañeza hacia los discípulos que pasmados miraban al cielo. La expresión dinamiza la comunidad y le recuerda su razón de ser. Deben regresar a Jerusalén y desde allí empezar a evangelizar.

La segunda lectura de la carta a los Efesios es la oración de Pablo agradecido con Dios por la vida de las comunidades cristinas. El plan de Dios es ya una realidad en la vida de los discípulos. El apóstol de los gentiles nos comparte sus sentimientos de fe, pues afirma “no ceso de dar gracias por ustedes” y pide dones especiales para los seguidores de Jesús. Que Dios les conceda conocer el espíritu de sabiduría y revelación del Misterio manifestado plenamente en Jesucristo. Que Dios les conceda el don de la fe que ilumina los corazones, pues desde este centro se ama, se piensa, se actúa, se siente. El don de la esperanza en la hemos sido llamados.

El evangelista Marcos, narra de manera entendible a la comunidad la despedida de Jesús de sus discípulos antes de subir a la diestra de Dios Padre. El texto presenta tres aspectos entrelazados. El primero, el envío de los once que estarán acompañados con los signos de la fe. El segundo, la Ascensión del Señor y, finalmente, la disponibilidad de los discípulos en el anuncio y proclamación de la buena nueva. Tarea siempre nueva de la Iglesia.