Por: Luis Ángel Abalo y Reilander Aldana (Novicios Redentoristas – Noviciado San Alfonso, Colombia)
Todos los años los fieles católicos del mundo estamos llamados a vivir un tiempo muy especial dentro del calendario litúrgico: Este tiempo que se nos regala es la cuaresma.
La cuaresma es un tiempo de gracia y, como su nombre ya nos lo indica, hace referencia a 40 días de ardua preparación, en los cuales predisponemos nuestra vida y corazón hacia una escucha interior de conversión que permita cambiar nuestro estado actual de vida, y nos lleve a celebrar gozosamente la pascua de Nuestro Señor Jesucristo.
Ésta comienza con el miércoles de ceniza y se extiende hasta el miércoles santo, para luego dar paso al Triduo Pascual. Dependiendo del lugar en el que nos encontremos varía la manera de vivir este tiempo litúrgico, pues se tienen en cuenta las tradiciones populares propias del lugar.
Pero el eje que guía a la cuaresma en general es el de ser un tiempo que nos alienta a fortalecer la relación con Dios a través de la oración, el ayuno y la limosna, recordándonos los 40 días que Jesús pasó en el desierto (Mt 4,2). Es el tiempo oportuno para arrepentirnos de nuestras faltas; es una invitación a la reflexión y conversión espiritual, para configurarnos más con la persona de Cristo.
Somos conscientes de que hoy estamos viviendo tiempos difíciles, los cuales han causado un gran impacto en el rumbo de nuestras vidas. La emergencia sanitaria que enfrentó y sigue enfrentando la humanidad nos hizo ver cuán frágiles somos en este mundo; mostrando las más íntimas miserias humanas y nos ha enseñado que, pese a nuestras acciones, sigue siendo un reto poder erradicar el nivel de contagio de covid-19, que ha dejado miles de fallecidos alrededor del mundo.
Toda esta emergencia de pandemia, nos conduce a vivir una cuaresma y semana santa atípica distinta a años anteriores, pero hoy muchos nos preguntamos ¿cómo será este año? Eso no lo sabemos, ya que venimos de un proceso de adaptación a la virtualidad, pero que a pesar de la flexibilización y la apertura de los templos aún seguimos expuestos al contagio. Solo queda adaptarnos a la nueva normalidad, pero teniendo en cuenta siempre las normas y medidas de bioseguridad.
Es así como en medio de esta situación, como todos los años, los cristianos estamos llamados a vivir en gran plenitud la cuaresma, pero ¿Cómo podemos vivir la cuaresma en medio de la pandemia? En la oración, con el sacrificio, con la solidaridad con los hermanos más necesitados, por ejemplo, los migrantes, niños de calle y las familias que han perdido un familiar a causa del covid-19 entre otros. La cuaresma nos prepara para la pascua de Cristo, que nos renueva a todos, que nos hace hombres y mujeres nuevos. Celebrar la pascua es celebrar la vida.


