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IV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

30 de enero de 2022

Ciclo C: Lc. 4, 21 – 30

Por: P. Víctor Chacón Huertas, C.Ss.R. (Redentoristas de España)

1. Amor que llama: Dice Jeremías, que se sintió llamado desde el vientre de su madre, ya desde antes de nacer. Y esa es para él la prueba más evidente del don inmerecido que supone su llamada. No fue por méritos propios, por antigüedad ni por cualidades personales pues aún estaba todo por ver y por vivir. Dios nos ama incondicionalmente, nos llama sin mérito nuestro, nos envía sin que realmente merezcamos nada de lo que recibimos. Detengámonos en una frase singular que el profeta pone en boca de Dios: “No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos”. Aquí el miedo se entiende como termómetro de la fe, del amor, de la entrega. Si temes, hijo mío es porque te apoyas en tus propias fuerzas y te das cuenta que flaqueas, y eso te da más miedo aún. Si te fiaras de mí, si realmente me conocieras y te abandonaras en mis brazos, nada habrías de temer. Ya que el verdadero amor expulsa el temor, como nos dirá Juan en su carta.

2. Amor, el verdadero amor. Merece la pena repetir estas palabras: “El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”. El verdadero amor no pasa nunca, no es una moda, ni un móvil de última generación. Está siempre en garantía. En él se dan flaquezas y enfados, es natural, ¡somos humanos! Pero como siempre perdona, no hay nada que temer, no hay barrera que se le resista. Vivir desde la paciencia, la afabilidad, la cordialidad, la humildad, la generosidad… ¿puede haber horizonte de vida más alto, más noble, más auténtico? Disculpa sin límites, cree sin límites, aguanta sin límites. Este amor nos iguala a Dios, en verdad, sólo apoyados en Dios podemos vivirlo en plenitud. Sin Dios ningún amor es eterno, ése es un gran fallo de muchos matrimonios: querer edificar un amor eterno sin Dios, sin base eterna. Y sobre basamento débil, poco podemos apoyar.

3. Amor que anuncia y dialoga. Todos expresaban a Jesús su aprobación y se admiraban con él, pero luego comenzaron a dudar y preguntarse: “¿No es éste el hijo de José?” Y así la fastidiaron, nada esperaron, nada creyeron, nada amaron. Creían ya saberlo todo, se creían ya justos y santos. Por eso lo de “nadie es profeta en su tierra” se cumple, aún a la perfección. Nadie consiente que le hablen de aquello en lo que se siente seguro, que es su terreno. Y cuando Jesús les habló de dos casos concretos, la viuda de Sarepta y Naamán el sirio, se enojaron aún más, porque esos no eran “de los suyos”. Eran de fuera del redil. No comprendían que es una relación personal (con Dios) lo que salva, no la mera pertenencia, no la afiliación, no la costumbre. Nadie creerá por ti, nadie esperará por ti ni amará por ti. Sólo tú puedes remediar y encauzar tu vida, redireccionarla al infinito, al amor sin medida que todo lo cree, todo lo espera y todo lo aguanta.

Recuerda, él te amó primero, te llamó desde el principio desde el seno materno, te puso donde hoy estás y así te quiere. Pero ahora la pelota está en tu cancha y espera un nuevo lanzamiento. ¿Lo harás? ¿Seguirás el juego?