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IV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

30 de enero de 2022

Ciclo C: Lc. 4, 21 – 30

Por: P. José Humberto Toro Palacio, C.Ss.R.

La liturgia de este domingo nos presenta a Jesús en la sinagoga de Nazaret donde ha leído un texto del profeta Isaías. Allí se anunciaba todo un programa de vida traído por el Ungido de Dios. Jesús dirá que esa escritura se ha cumplido mientras todos la han escuchado. Él viene a dar cumplimiento a todo lo que se ha prometido.

Estas palabras generaron en sus oyentes gran admiración. Pero inmediatamente sus paisanos comenzaron a preguntarse si ese no era el que ya hace tiempo conocían y cuyos familiares estaban ahí con ellos.

La gente del pueblo de Nazaret estaba más interesada en ver los grandes milagros que habían escuchado que Jesús hacía en otros lugares; que en poner en práctica sus palabras. Pasaron rápidamente de la admiración a la duda y de está a la incredulidad. Es el primer fracaso de Jesús en su tierra y ese será su destino. Las incomprensiones se van a multiplicar de diversas maneras.

¿Pero qué fue lo que causó ese repentino cambio de actitud frente a Jesús? Precisamente porque en la cita del texto de Is 61,1-2 (Lc 4,18) que leyó Jesús, han desaparecido aquellas palabras que hacían mención de la ira de Dios contra los paganos. Jesús hizo de la primera parte su proyecto de vida, pero omitió la segunda parte que se refiere al castigo. Sus paisanos querían el desquite. Sentir a través de la ira de Dios, que sus muchos sufrimientos estaban siendo pagados. Mientras que el corazón humano anhela el “desquite”, Dios piensa en el perdón y la salud para todos.

El pueblo elegido actúa como el niño pequeño que se alegra de que se le dedique en exclusiva todo para él, pero no acepta compartir. Eso de que Dios trate a los paganos con los mismos derechos que a ellos, les parece inadmisible. Eso causó la ira de todos contra Jesús hasta el punto de querer despeñarlo.

Aquí vemos preanunciada la muerte de Cristo en el hecho de querer despeñarlo, “pero él se abrió paso entre ellos”, y esta expresión hace referencia a la resurrección, que pasa a través de la muerte.

Se puede descubrir entonces que Jesús es rechazado por ser hombre “No es este el hijo de José”. Les parece demasiado conocido, demasiado humano. Si fuera Dios debería verse con rasgos completamente divinos. Y la otra razón para no aceptar a Jesús; es que no hace un milagro que los deje pasmados, algo que no puedan negar que viene del cielo. Las tentaciones siguen presentes.

Esa imposibilidad de aceptar a Jesús, esa dureza de corazón hace que una vez más, el mensaje se extienda a quienes si están dispuestos a escuchar: los paganos. El rechazo de un predicador, de un profeta; hace que el mensaje llegue a otros. Esos son los caminos que debe recorrer la Gracia de Dios.

Nos conviene por tanto preguntarnos si nosotros no hemos rechazado el mensaje que nos trae Jesús. Sin duda en muchos momentos esperamos un dios a nuestra medida, alguien que se comporte como nosotros pensamos y por ese motivo no logramos ver el paso de Dios en nuestras vidas. Él es tan sencillo, tan humano, tan abierto, que nuestros viejos esquemas de pensamiento no logran descubrirlo presente y actuante en nuestra existencia.