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XXV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario social

19 de septiembre de 2021

Ciclo B: Mc. 9, 30 – 37

Por: P. Alberto Franco Giraldo, C.Ss.R.

¿Es posible ser cristiano y desconectarse de la realidad social, política, económica, ecológica y cultural?

El sentido de las palabras

En la vida diaria, diferentes personas, le damos a las mimas palabras significado diferente, lo que origina conflictos familiares, sociales y religiosos. Por esta razón es importante explicar el sentido con el que utilizamos palabras en ocasiones específicas. En esta reflexión utilizamos unas palabras con significado especifico.

Cristiano/a: la persona que busca seguir las enseñanzas y ejemplos de Jesús de Nazaret y se compromete con el reino de Dios en la Iglesia. Diferente a quienes se dicen cristianas y nombran constantemente a Jesucristo, pero no buscan encarnar sus enseñanzas en el mundo, olvidan que: “No todo el que dice Señor, Señor entrará en el reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de Dios” (Mt 7,21).

Realidad social: todo ser humano necesita de otros. Somos seres sociales, necesitamos de instituciones y organizaciones para regular las relaciones, solucionar los problemas y mejorar las condiciones de vida. Los cristianos somos parte de la sociedad, y todo lo que la afecta negativa o positivamente debe preocuparnos: injusticias, corrupción, violencia, discriminación, odio social, manipulación de la información, cambio climático y todo lo que daña la dignidad humana y el planeta, porque daña la obra de Dios.  

Realidad política: es importante diferenciar la Política de la política partidista, la politiquería o el ejercicio electoral. La Política es la búsqueda del bien común. El Papa Francisco dice: “Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común (FT154). Y los obispos de América Latina: “La dimensión política, constitutiva del hombre, representa un aspecto relevante de la convivencia humana. La fe cristiana no desprecia la actividad política; por el contrario, la valoriza y la tiene en alta estima” (Puebla 513,514).

Realidad económica: la economía es esencial para la vida humana, para todo necesitamos dinero. Usted no podría leer este comentario ni yo escribirlo sin unos recursos económicos básicos. Los millones de personas con hambre, la multitud de personas que no satisfacen sus necesidades básicas y unos pocos multimillonarios, expresa una injusticia económica y social que clama al cielo por eso debe preocupar a los cristianos/as. Además, grandes riquezas en Colombia son fruto de la violencia, la corrupción, las trampas y la injusticia, lo que contradice “la voluntad de Dios”.

Realidad cultural: las expresiones culturales son parte integrante de la humanidad, por eso negación de acceso a los bienes culturales, la subordinación y marginación de las culturas impiden el crecimiento humano y la diversidad querida por Dios. Los cristianos debemos reconocer y respetar todas las formas culturales, incluyendo las que no son de nuestro gusto y las ateas.

Realidad ecológica: el ser humano es parte de la creación, sin la relación con todo lo creado no podemos vivir. La desaparición de especies animales, vegetales o minerales tiene graves repercusiones para la creación y para el ser humano. Sacrificar el agua, el aire, la tierra… al dios dinero en el altar del mercado es idolatría, y una locura porque arriesgamos la existencia humana.

El cristianismo está encarnado en el mundo

Estas realidades así entendidas están profundamente relacionadas con el mensaje cristianos que no puede desconectarse del mundo, aunque haya sectores políticos y religiosos que quieran sacarlo de la realidad con manipulación y engaños. Toda la Biblia habla de realidades concretas en las cuales Dios se “revela”, la mayoría de santos/as se ocuparon de las “cosas del mundo”.

Tengamos presente que leemos la Biblia para descubrir lo que Dios le dijo al pueblo en su tiempo y en su contexto. Y luego preguntarnos ¿Qué nos diría Dios en la realidad que vivimos hoy? ¿Cómo iluminaría mi vida y mi actuar en medio de los problemas del mundo de hoy?

Los planeadores del mal y perseguidores de los justos

El libro de la Sabiduría describe la manera de actuar de los impíos, que son personas sin Dios y sin ley, que actúan de acuerdo con sus instintos y que utilizan su inteligencia y astucia para planear el mal y ejecutarlo con violencia y arrogancia.

Los impíos piensan y planean: “Tender trampas al justo”, “someterlo a tormentos despiadados”, “condenarlo a muerte deshonrosa”. ¿Por qué lo hacen? Porque les “resulta incómodo” su proceder, “se opone a sus acciones”, “les echa en cara sus faltas contra la ley”, es decir, su actuar ilegal e ilegítimo, y les “reprende las fallas en su educación”. Y lo hacen para “apreciar la paciencia y comprobar la resistencia”, además, para probar a Dios: “si el justo es hijo de Dios él lo auxiliará y lo arrancará de las manos de los enemigos”.

Es fácil relacionar la actuación de los impíos en los dos primeros capítulos del libro de la Sabiduría, con la actuación de quienes planean y ejecutan el mal en la actualidad con lo que vemos y vivimos a diario: los ladrones de barrio, prostitutas y viciosos y que muestra abundante y repetidamente la televisión y los medios de comunicación. Pero los impíos de Biblia serían hoy los “ladrones de cuello blanco”, los que se roban los dineros públicos que son miles de millones, y que no van a la cárcel, aunque algunos cambian cárcel por casa, lujosas casas construidas con dinero ilícito; serían empresarios que se adueñaron del Estado comprando legisladores y gobiernos, para que el dinero de todo el pueblo pase a sus bolsillo; sería también los diversos profesionales que sirven “al poder” con su conocimiento para hacer trampas, manipular cuentas, engañar, presionar o comprar “la ley”…

Los impíos persiguen, calumnian, desprestigian, exilian y asesinan a los justos de hoy:  líderes sociales, defensores de derechos humanos y ambientales; jueces, fiscales, investigadores y demás servidores públicos honestos; periodistas e investigadores sociales que develan la corrupción y los engaños del poder; cristianos/as que buscan escuchar y practicar la palabra de Dios. Usted podrá completar la lista, pero fíjese muy bien para que no la complete con lo que le digan trabajadores de los impíos.      

El Salmo describe la manera de actuar de los impíos contra el justo que pide la protección de Dios: “Unos arrogantes se levantan contra mí, unos violentos me persiguen a muerte, sin tener presente a Dios”. ¡Cuántas veces los justos de hoy han sentido lo mismo! Quizá usted también.

¿Cuál es la raíz del mal?   

Para el apóstol Santiago, “las guerras, las peleas, los desórdenes, la maldad y los malos deseos” salen del interior de las personas y son originadas por “las envidias y las rivalidades”. Y coloca ejemplos: “Ustedes quieren algo y si no lo obtienen asesinan; envidian y si no lo consiguen, pelean y luchan”.

Para Jesús la raíz del mal es la lucha por el poder. Los discípulos iban discutiendo por el camino “quien era el más importante entre ellos, mientras Jesús les explicaba que iba a ser asesinado por el poder religiosos y político, amenazado por su predicación. El poder produce dinero y el dinero produce poder, los dos suscitan admiración, adulación, envía, rivalidades e imitación. A la mayoría de los seres humanos nos mueve el dinero y le poder y para tenerlos hacemos lo que sea.  Jesús fue el justo ajusticiado por los impíos que planearon y ejecutaron su asesinato. Muchos cristianos/as, sin darse cuenta, apoyan a los impíos de hoy, que planean y ejecutan delitos a gran escala, nacional e internacionalmente, para “quedarse”, ilegal o ilegítimamente, con los recursos de las naciones. Piensa un poco en el tiempo que da la televisión a los atracos barrio, a los asesinatos por riñas o por robos (que son muy graves) y compáralo con el tiempo que da la misma televisión a los grandes robos, a la corrupción financiera o empresarial de quienes han tenido el poder todo el tiempo o la manera de presentar a los “ladrones de cuello blanco”.    

“Los discípulos se quedaron callados”, no se atrevían a reconocer que estaban movidos por el poder. Las grandes injusticias, corrupciones, crímenes, engaños… necesitan el silencio. A la gente la callan con poder, admiración, sometimiento, dinero, chantajes, amenazas, corrupción… “una boca se tapa con balas o billetes” ¿Cuántos “discípulos” de Jesús se han quedado callados ante el Justo ajusticiado? ¿Cuántos están pensando en el poder, el lujo, el placer, las cuentas bancarias mientras pronuncian piadosos discursos religiosos? ¿Cuántos callan por ignorancia, por ingenuidad o por miedo?  

La solución al problema del mal

La Sabiduría dice que la solución al problema del mal es seguir el ejemplo y el camino del justo y rechazar toda propuesta impía, toda injustica.

Para el apóstol Santiago es seguir “la sabiduría que procede del cielo” transparente, pacífica, comprensiva, sin discriminaciones ni fingimientos. Y “trabajar por la paz, sembrando paz para cosechar justicia”.   

Para Jesús es rechazar el poder como criterio que orienta la vida y colocar en su lugar el servicio: “El que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”, y lo pequeño: “colocó un niño en el medio… Y dijo que quien recibía un niño lo recibía a él, a quien lo había enviado”.