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V Domingo de Pascua

Comentario dominical

15 de mayo de 2022

Ciclo C: Jn 13, 31-33a.34-35

Por: P. José Humberto Toro Palacio, C.Ss.R.

Seguimos celebrando la Pascua de Jesús, que es su glorificación como hoy nos dice el Evangelio. La glorificación del Señor se realizó a través de su pasión. Desde este momento tan doloroso se dejó sentir todo el “peso” (Gloria) de Dios, es una obra, una realidad que solo él puede hacer. Entregarse de esa manera, amar de esa forma, solo es posible para Dios.

Por eso nuestro pasaje de hoy, inicia hablando del momento en el que Judas sale del cenáculo dispuesto a llevar a cabo su obra de entregar a Jesús. Allí inicia la glorificación de Dios. Justo ahí, Dios demuestra en todo su esplendor lo que ama a la humanidad.

Pero si con la Pasión inicia la Glorificación del Señor, Jesús anuncia que también lo será en el futuro, mediante el mandamiento del amor. Cuando los discípulos vivan este mandamiento, él sigue siendo glorificado. Todos pueden ver que el amor es algo propio de Dios, que un amor que se entrega totalmente no puede ser cosa de hombres, que esa fuerza viene del Espíritu Santo que hace capaces a las personas de amar. Por eso el rasgo distintivo del cristiano es el amor. Es el sello de su unión con Dios. Quien sabe amar, demuestra que se mantiene unido a Jesús.

El mandamiento del amor ya se encuentra en el Antiguo Testamento, pero no se presentaba ningún modelo, solo se formulaba el precepto de amar. Aquí Jesús se presenta como modelo del amor «Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros». Lo nuevo es precisamente este «amar como Jesús ha amado».

Se trata entonces de un amor sin límites, capaz de vencer todas las barreras, toda la triste realidad de pecado, en las que los seres humanos nos vemos envueltos. Amar como lo hace Jesús permite que su “Gloria” siga en el mundo, que su presencia la sientan los que son amados por él a través de “sus discípulos”.

Los santos de todos los tiempos son los mejores ejemplos de que ese amor se puede vivir en cualquier lugar. Todas las épocas y en todos los lugares nuestros santos nos demuestran que Dios los sigue alentando para que lleven su amor a todos los seres humanos. Nadie está excluido del amor de Dios. Nadie puede ser tan pecador, tan indigno, que no pueda sentir el amor de Dios.

Estamos llamados este domingo a recibir de Jesús este mandamiento. Estamos llamados a experimentar en nuestra vida lo que hace el amor de Dios y como el hierro que ha estado en el horno, que termina fundiéndose con el mismo fuego; llevar nuestra experiencia de ese amor a los que nos encontremos por el camino, a todos esos que han quedado tendidos por que los salteadores los han robado y maltratado.

Han pasado 20 siglos y son muchos los cristianos que han sabido escuchar del Señor este mandato y lo han puesto en práctica. Pero también somos muchos quienes no hemos acogido esta forma de vida (que es la única que vale la pena) y hemos vivido una existencia gélida. Aunque el calentamiento global va en acenso, el frio que siente la humanidad por falta de amor es inmenso.

El mismo Jesús lo dijo, solo cuando nos amemos unos a otros el mundo podrá saber que somos hijos de Dios, que nacimos de su corazón y solo así el mundo creerá que Dios está a nuestro lado. El mejor testimonio de Dios que podemos dar es que sabemos amar como Jesús nos enseñó.