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I Domingo de Cuaresma

Comentario social

6 de marzo de 2022

Ciclo CLc 4, 1-13

Por: P. José Pablo Patiño Castillo, C.Ss.R.

“Las drogas pueden cambiar tus planes. Métele mente y decide”. Fue la consigna, hace unos años, de una campaña para disuadir a la población del consumo de estupefacientes. Pensar y decidir.

El evangelio de hoy nos presenta a Jesucristo cuando alguien, el tentador, (su propia condición humana, su instinto de conservación), intenta poner tropiezo a su proyecto de ofrecer vida y “vida abundante” a los seres humanos.

Los ídolos a los que acude el tentador para apartar a Jesús de su misión son la abundancia fácil de pan o de bienes materiales, el poder y la gloria. Son las tentaciones que Israel experimenta en su peregrinar por el desierto; son las tentaciones o los poderosos ídolos que han seducido y siguen seduciendo a la humanidad: poder, placer y dinero. La respuesta de Jesús es siempre la misma: apela a la Palabra de Dios, se encomienda a la voluntad de Dios.

Por otra parte, la tentación no es exclusiva del ministerio público de Jesús: se extiende a lo largo de toda su vida. De hecho, la misma fórmula de tentación de este relato se encuentra en el momento final de Jesús, en el momento de la cruz. En uno y otro momento, se le induce a tener como pretexto su condición divina para salvarse, para eludir el costo doloroso de su misión, neutralizar el querer del Padre:”Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz”(Mt 27, 40) Al final, la tentación mayor consiste en que Jesús recurra a su condición divina para eludir su misión.

La manipulación de Dios en su favor es, en definitiva, la gran tentación de los creyentes. Ser cristiano hoy al modo de Jesús significa mantener la confianza en Dios en medio de la conflictividad de la historia.

En las tres formas de seducción, facilismo, posesión de bienes, poder, adivinamos la tentación de creernos dios para nosotros mismos o de hacernos un dios a nuestro servicio.

En las tentaciones de Jesús, el evangelio nos presenta la condición humana según la cual somos tentados a desistir del proyecto que Dios nos propone en Cristo Jesús, de humanización, ser plenamente humanos, como él, como Jesús, el Hijo de Dios.

Quizá nosotros no tengamos el tropiezo o tentación de la droga. Pero sí es posible el de hacernos dioses para nosotros mismos; o que, acosados por las dificultades, aprovechemos la religión, las oraciones a Dios, a Jesucristo, a la Virgen María, a los santos, y los ritos, para “apropiarnos de Dios” y de sus poderes, y así creer solucionar, sin esfuerzo, la necesidad o el afán de dinero, de salud y de éxito social.

La contrapartida de las tentaciones es la oración del Padre Nuestro, la plegaria que enseñó Jesús a sus discípulos. Afirmar nuestra condición humana sobre el fundamento del querer del Padre Dios y la relación fraternal con los demás seres humanos es mantener a toda costa la unión con el querer de Dios y resistir a toda maldad, es decir, a todo lo que atente, toda tentación, contra esa doble relación de filiación y hermandad.

“Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no estén tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir” (Papa Francisco. Mensaje de Cuaresma 2022, 1).