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XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario dominical

12 de septiembre de 2021

Ciclo B: Mc. 8, 27 – 35

Por: P. Luis Alberto Roballo Lozano, C.Ss.R.

Profesión de fe y primado de Pedro (Mt 16, 13-20; Lc 9, 18-21; Jn 6, 6-71).27Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». 28Ellos le dijeron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que uno de los profetas». 29Él les dijo: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?». Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el mesías». 30Y Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Primer anuncio de la pasión y resurrección (Mt 16, 21-23; Lc 9, 22).31Desde entonces comenzó a declararles que el hijo del hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, morir y resucitar al tercer día. 32Esto lo decía con toda claridad. Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo. 33Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, riñó a Pedro diciéndole: «¡Apártate de mí, Satanás!, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Exigencias del seguimiento de Jesús (Mt 16, 24-28; Lc 9, 23-27; Jn 12, 25).34Llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 35Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará».

Marcos está lejos de presentar a Jesús como un personaje mítico y subraya su realidad humana. No narra la vida de Jesús, sino que presenta a Jesús como Vida y sus enseñanzas como Buena Nueva de salvación. Marcos es el único evangelista que refiere sentimientos o hechos que la tradición posterior considerará demasiado humanos para atribuirlos al Hijo de Dios: cólera (3, 5), indignación (10, 14), sorpresa (6, 6), compasión (6, 34; 8, 2), ternura (9, 36), decepción (8, 17; 9, 19), falta de información (6, 38; 8, 27; 9, 21; 10, 18; 13, 22). Es escandalosa la declaración de que sus familiares vienen a buscarlo como a un enajenado (3, 21). Los títulos de “rabí” y “profeta” corresponden más que a esquemas religiosos, a una visión humana que se forma de Él la multitud. El título más frecuente de Jesús es el de “Hijo del hombre”. Paradójicamente, este título no expresa la humanidad de Jesús, sino su condición de Mesías y es una clara confesión de su divinidad.

Pedro, como portavoz de los discípulos, ante la pregunta de Jesús, formula una confesión de fe: «Tú eres el Cristo» (Mc 8, 29 y par.). Sin embargo, Pedro debía madurar esta fe inicial puesto que cuando Jesús comienza a explicar que es un Mesías al estilo del Hijo del hombre sufriente, un mesías que será crucificado, Pedro lo rechaza y Jesús le recrimina duramente (Mc 8, 31-33). Así, Pedro hubo de realizar un camino de crecimiento en la fe, conjugando su adhesión incondicional a Jesús como Cristo, con el conocimiento de los aspectos doctrinales que esto implicaba. Esto no solamente compete a Pedro, sino que refleja la realidad de cada creyente. Los mismos apóstoles nos muestran el camino con su petición al Señor: «auméntanos la fe» (Lc 17,5)[1].

En este pasaje de Marcos, descubrimos un punto central en el contenido y la redacción del Evangelio y tiene repercusiones en la fe de Pedro y en la fe de los creyentes como acabamos de leer en la anterior declaración de la Comisión Teológica Internacional. El título de Mesías es la palabra hebrea que corresponde al término griego Cristo, título que se traduce como Ungido.

De manera brevísima situamos el pasaje en el conjunto del Evangelio de Marcos:

Jesús inició su predicación en Galilea, en su pueblo Nazaret; en Cafarnaún, elige a sus apóstoles y predica en los alrededores del lago de Genesaret y realiza muchos milagros, lo cual suscita el entusiasmo de las multitudes y de sus apóstoles y la oposición de los judíos de Jerusalén.

En los límites del territorio cura a la hija de la Sirofenicia (7, 24 ss.) y de regreso a Galilea cura al sordomudo (7, 31 ss). Junto al lago multiplica el pan (8, 1 ss.) y en Betsaida cura al ciego que se imagina que los árboles caminan (8, 22 ss.).

Nuestro texto 8, 27-35, que se sitúa de camino hacia Cesarea de Filipo contiene:

La encuesta de opinión y profesión de Pedro “Tú eres el Cristo” (v. 29). Los demás Evangelistas narran en este lugar el primado de Pedro pero Marcos coloca en su lugar la orden de no divulgarlo.

El primer anuncio de la Pasión (v. 31), la crisis de Pedro que intenta disuadir a Jesús de ese plan que está anunciando (v. 32) y la fuerte reprensión a Pedro, como alineado con Satanás para defender planes meramente humanos y no el plan de Dios (v. 33).

El anuncio de la Pasión se complementa con la enseñanza del seguimiento de Jesús negándose a sí y tomando la cruz.

La narración de Marcos continuará en el monte elevado donde Jesús se transfigura (9, 2ss.), se reitera la prohibición de divulgar el acontecimiento (9, 9); y con los dos restantes anuncios de la Pasión, el Evangelio se encamina a su final, ya en territorio de Judea (10, 1)[2].

Por la anterior situación, nos damos cuenta de que el texto se ubica en el mismo centro del Evangelio de Marcos y tiene una función definitiva en la presentación del mensaje de Jesús, de su obra y de su persona y en la misma relación que tendrán con Él, Pedro y los discípulos y quienes conformarán la multitud de los creyentes.

En el Evangelio de Marcos, en varias ocasiones Jesús prohíbe divulgar que Él es el Mesías, el Cristo. A esta orden se ha dado el nombre de Secreto Mesiánico. Los primeros que hablan de este secreto son los demonios. En los relatos de las tentaciones de Jesús, el tentador menciona la divinidad de Jesús (cfr. Mt 5, 3 y paralelos). Igual sucede, entre otros episodios, en la curación del endemoniado de Gerasa (Mc 5, 7). Jesús sabe que el título de Mesías-Cristo es susceptible de una interpretación equivocada que equivaldría a seguir las sugerencias que el tentador presenta como tentaciones mesiánicas: satisfacción de nuestro gusto personal, uso de las demás personas de modo prepotente y contrario a la caridad y ejercicio de lo religioso con finalidad diferente a la voluntad de Dios (cfr. Lc 4, 1 ss. y paralelos). Jesús no puede contrarrestar esas interpretaciones y se limita a reprochar a Pedro, a amonestar a los discípulos y a pedirles que guarden silencio sobre el tema[3].

Como tema de opinión, la percepción mesiánica de Jesús daba campo a las fantasías políticas, a las intrigas personales y familiares y a los entusiasmos que crecen y desaparecen como la espuma. Solamente los acontecimientos de la Pasión, Muerte y Resurrección descubrirán el sentido definitivo de la Confesión de Pedro, “Tú eres el Cristo” (v. 29). Jesús anunciará tres veces su Pasión, Muerte y Resurrección,  no como secreto sino como comunicación que escandaliza pero lleva a plenitud el título de “Cristo”. De igual manera se vincula a los discípulos a ese mesianismo cristiano que significa tomar la Cruz de Cristo, renunciar a la propia vida y seguirlo a Él.

El Salmo 79(78) prefigura de modo dramático el escándalo anunciado por Jesús con la descripción de la viña que es destruida y el santuario que es profanado. El desconcierto de Pedro es anticipado por los acentos desgarradores del Salmista, que llega hasta exclamar con la opinión pública de las naciones ¿«Dónde está su Dios»? (Sal 79(78), 10)[4]. Desde el centro del Evangelio de Marcos,  Jesús indica cuál es el sentido de su vida y obra como Mesías-Cristo y qué significa para sus discípulos entrar por la puerta estrecha y beber el cáliz del Maestro (cfr. Mat 7, 12; Mar 10, 39 y paralelos)[5]. E invita a Pedro a que aparte sus pretensiones como secuaz de Satanás y literalmente se ponga detrás de Él, a quién acaba de confesar como “Cristo”. La expresión griega de Mc 8, 33 que encontramos traducida como “apártate de mí” se puede traducir como “ponte detrás de mí” y es la misma que encontramos en el verso siguiente “el que quiera venir en pos de mí”[6].

La confesión de Pedro “Tú eres el Cristo” será reveladora de la persona, obra y mensaje de Jesús y guiará el comportamiento de sus discípulos, en cabeza de Pedro y de la comunidad de los creyentes en Él.


[1]  Comisión Teológica Internacional (2019), Reciprocidad entre fe y sacramentos, n. 42

[2] Maximilian Zerwick, S.J. & Mary Grosvenor (2010). A Grammatical Analysis of the Greek New Testament. Gregorian     & Biblical Press (GBP), Roma. Y BibleWorks 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, Virginia.

[3] Matthew Henry. Commentary. Tomado de BibleWorks 10.

[4] Maximilian Zerwick, etc. l.c.

[5] Il Vangelo di Marco, en Lectio Divina per la vita quotidiana, vol 7, a cura di Giorgio Zevini e Pier Giordano Cabra,         Queriniana, Brescia, 2012, pp. 233 ss.

[6] Maximilian Zerwick, etc. l.c.