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III Domingo de Pascua

Comentario dominical

18 de abril de 2021

Por: P. José Samuel Torres Tangua, C.Ss.R.

Ciclo B: Lc. 24, 35-48

La situación de pandemia que vive el mundo entero es una realidad difícil. Hemos vivido unas circunstancias inesperadas que han permitido ver la realidad y la situación inhumana de muchos pueblos, marcados por la diferencia social, la intolerancia y la despreocupación por el otro. Hemos tenido que aceptar con lágrimas la desaparición de muchos seres queridos. Se hace normal vivir en el temor y la angustia. Al mismo tiempo, no se pueden desconocer los grstos de solidaridad que han surgido, muchas de ellos de manera silenciosa, en bien de los hermanos más necesitados.

En un lenguaje profético el Concilio Vaticano II (1962-1965), en la Constitución Gaudium et Spes, en su análisis de la Iglesia en el mundo de hoy, interpretaba el ser del hombre en términos de grandeza y de debilidad. Realidad que contrasta con la situación actual. Grandeza expresada, por una parte, en un sinnúmero de progresos en todas las ramas del saber, y debilidad, por otra, ante las incertidumbres que se viven. Sin duda vivimos tiempos de alegría y esperanza, pero también de tristeza y dolor. Estamos expuestos al dolor, a la muerte y al mismo tiempo somos testigos de la esperanza, de la Resurrección.

En circunstancias y hechos muy distintos, las lecturas de este domingo relatan la situación de desconcierto, soledad y temor que vivieron los discípulos de Jesús. Realidades que contrastan con la presencia del Resucitado que anima, da vigor y fortalece la fe.  Las diversas apariciones y la presencia del Resucitado fueron para ellos motivo de esperanza, de dinamismo que los impulsó a ser testigos de la fe. Este acontecimiento marcó la vida de los primeros cristianos y les permitió recuperar la alegría, la paz y la esperanza en el Señor de la Vida.

El evangelio de este domingo narra el diálogo entre ellos discípulos tras las apariciones de Jesús. Ellos no comprenden los últimos acontecimientos. Simón habla de un encuentro con el Señor Resucitado; los discípulos de Emaús relatan la experiencia de cómo el Señor se hizo el encontradizo en el camino y como lo reconocieron al partir el pan.  Ahora, los discípulos releen con Jesús resucitado la historia. Los acontecimientos del Pueblo de Isael con la presencia del Resucitado recobran otro sentido. Los sucesos de Dios por medio de Moisés, los profetas, los salmos, empiezan a revelar un nuevo horizonte. La muerte de Jesús en la Cruz no fue una derrota. Su presencia resucitada en medio de la comunidad es alimento y fortaleza para ser testigos.

Las manifestaciones de la vida que se perciben en el mundo de hoy pueden parecernos fantasmas en medio de tanto desconcierto. Sin embargo, el Señor Resucitado se hace presente en medio de la comunidad que dialoga y comparte. La presencia del resucitado permite releer la vida para ver en ella una nueva oportunidad. No podemos quedarnos sumergidos en el viernes de dolor y de tristeza, Cristo vive.

La fe es una experiencia para compartir. En estos tiempos de incertidumbre, la fe de cada discípulo, señala el camino por medio de una vida sencilla y entregada. El apóstol Pablo, en nombre de los demás discípulos dice: “Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somo testigos”.

Pedro, ante la gente de Jerusalén, no se presenta preocupado por el juicio y condena de las autoridades judías. La muerte del Justo, del autor de la vida, como él afirma, fue futo de la ignorancia. Lo importante, lo que interesa y nos debe preocupar, es que iniciemos una nueva mamera de ser y de existir. Tal realidad debe suscitar nuevas opciones de vida, marcada por la vida en el Resucitado. La frase de apóstol es elocuente: “por tanto, conviértanse y vuelvan a Dios”.

La experiencia de fe se manifiesta en el proceso de la paz. En el encuentro con el resucitado, se manifiesta en un proceso muy particular. En los discípulos, aparece el susto, como si hubieran visto un fantasma; luego, la sorpresa y la incredulidad los invade y finalmente los inunda la alegría. La Resurrección de Cristo es la nueva creación. Se trata, por tanto, de conocer y experimentar el poder del resucitado. Se trata de vivir como resucitados.

Los cristianos en este tiempo de incertidumbre anunciamos la Pascua. Jesús dice a los discípulos: “ustedes serán mis testigos”. El testigo da fe de lo visto y lo vivido. El testigo se compromete con Dios a iluminar el mundo con esta nueva realdad pascual. El testigo hace presente a la persona de Jesús, con su mensaje, su dinamismo y su invitación constante a construir una sociedad nueva. El testigo comparte su fe en comunidad.