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VI Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario bíblico

13 de febrero de 2022

Ciclo C: Lc. 6, 17.20 – 26

Por: P. Luis Alberto Lozano Roballo, C.Ss.R.

Evangelio de San Lucas 6, 16.20-26[1]

Jesús y las multitudes (Mt 4, 24-25; Mc 3, 7-12).17Bajó con ellos y se detuvo en una explanada en la que había un gran número de discípulos y mucha gente del pueblo de toda Judea, de Jerusalén y del litoral de Tiro y Sidón, 18que habían llegado para escucharlo y ser curados de sus enfermedades. Los que eran atormentados por espíritus inmundos también eran curados. 19Toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que curaba a todos.
Bienaventuranzas y lamentaciones (Mt 5, 1-12; Dt 27-28).20Entonces Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, comenzó a decir:
«Dichosos los pobres, porque suyo es el reino de Dios. 21Dichosos los que ahora tienen hambre, pues serán saciados. Dichosos los que ahora lloran, porque reirán. 22Dichosos serán si los odian los hombres, si los expulsan, los insultan y proscriben su nombre como infame por causa del hijo del hombre. 23Alégrense aquel día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Así trataban también sus padres a los profetas».
24«Pero ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consolación! 25¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque gemirán y llorarán! 26¡Ay de ustedes cuando los alaben todos los hombres! Así alababan sus padres a los falsos profetas».

El pasaje de Lucas en la liturgia del día nos presenta a Jesús como maestro. En la persona de Jesús aparecen muchas facetas, entre las cuales es muy destacada la de maestro, capaz de influir en la opinión de la gente. Más que un maestro profesional, la figura de Jesús es la de un maestro popular e itinerante que no siempre enseñaba en un lugar fijo, como la escuela o la sinagoga. Rodeado de un grupo permanente de discípulos, según Lucas, recorrió la llanura de la Galilea, enseñando y realizando curaciones.[2] Predica en diversos tiempos del año y también en las fiestas judías. Lucas lo presenta predicando en una Pascua y Juan  en dos o tres. También hay referencias a su predicación durante otras fiestas. Lucas presenta el curioso episodio de Jesús reunido con los Maestros judíos en el mismo templo de Jerusalén cuando tenía doce años, en el período considerado de su infancia (cfr. Luc 2, 41-50).  En la edad juvenil y madura, la única noticia de que había frecuentado los centros de formación religiosa judía es la de la lectura de Isaías (cfr. Luc 4, 19)  donde se dice que Jesús frecuentaba la Sinagoga de Nazaret.

Las repetidas ocasiones en que los jefes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos le preguntan a Jesús con qué autoridad enseña, plantean el problema real de la preparación que Jesús tenía para enseñar. El que reúna multitudes, reciba su aceptación y suscite su entusiasmo, no es suficiente para considerarlo como maestro, en un pueblo fuertemente configurado por los textos sagrados y por un sistema jurídico y ético tan elaborado como el que tenía su sede en Jerusalén.

En las diversas ocasiones en que se presenta la controversia sobre la autoridad de Jesús como maestro, él da respuesta, ocasionalmente con los mismos argumentos que manejan sus opositores. Pero de manera más continua, Jesús apela a la autoridad y poder que le viene de Dios, a quien llama su Padre. Y este discurso no se queda en palabras sino que se refrenda con un milagro, una curación o una acción extraordinaria que sirve de prueba de su autoridad y poder divino.

En este modo de presentar su misión, Jesús apela constantemente a la fe y alaba a quien ha dado señales de tenerla. La fe es la condición para que se realice la señal milagrosa que atestigua la condición divina de Jesús y su relación con el Padre. En los versículos 18-19 de nuestro pasaje, no incluidos en la lectura bíblica del domingo, encontramos la razón de la autoridad y validez de las enseñanzas de Jesús, de su condición de maestro. Jesús enseña y como maestro, expone sus enseñanzas. Y las confirma con la autoridad de actuar con el poder de Dios.[3]

Jesús, como maestro, inicia sus enseñanzas con la página de las Bienaventuranzas que, en Lucas, al igual que en el discurso de la montaña de Mateo (Mt 5-7), presenta ya una síntesis de su mensaje y nos ambienta en el modo de recibirlo y llevarlo a la práctica.

Los destinatarios de este discurso son los discípulos pero no se excluye la multitud que ha escuchado las enseñanzas pronunciadas en una llanura, como se indica en el v. 17 y se confirma en 7,1: “cuando terminó de hablar a la gente”.

Las Bienaventuranzas de Lucas tienen una forma diferente de las de Mateo y no coinciden en sus detalles pero el mensaje es el mismo del Evangelio. La diferencia más clara es la forma de antítesis en que propone la enseñanza: cuatro bienaventuranzas en que subraya un valor o una actitud de quien acepta su enseñanza y a quien le garantiza la felicidad verdadera y definitiva. Y en paralelismo antitético se presentan cuatro imprecaciones, maldiciones y amenazas sobre quienes rechazan la propuesta hecha en las bienaventuranzas.   La felicidad es identificada con la posesión del reino de Dios.

Las tres primeras bienaventuranzas de Lucas están dirigidas a personas que viven en pobreza y sufrimiento. La cuarta a quienes sufren rechazo por su adhesión al Maestro, a quien se menciona como “hijo del hombre” y de inmediato invita a alegrarse por tal comportamiento que reviste carácter escatológico y es comparado con la experiencia y suerte de los profetas. [4]

Tema recurrente en todos los niveles es el de la pobreza y la exclusión, que nos abstenemos de tratar en tan breve espacio.

A las bienaventuranzas corresponden las cuatro imprecaciones en paralelismo antitético.

Por contraposición indican los comportamientos y actitudes de quienes buscan otros valores que no coinciden con la propuesta del reino de Dios. Ellos tienen también una recompensa, pero de ninguna manera produce la felicidad verdadera y definitiva y por eso se les amenaza con la célebre imprecación profética del ¡ay de ustedes! que es una advertencia sobre la precaridad y el sentido de fracaso que comporta su elección. [5]

Jesús ha iniciado su labor de maestro y de manera indiscutible deja ver la autoridad de su enseñanza, acompañada de los signos maravillosos que realiza: anuncia el reino de Dios que trasciende la precariedad de los caminos del hombre y señala de manera clara hacia lo que se esforzará por indicar como sentido de toda su presencia, el reino de Dios.


[1] Texto de La Sagrada Biblia de América, (2016) Luis Roballo, etc., San Pablo, Bogotá.

[2] Geza Vermes, La Religione di Gesü l’ebreo, Una grande sfida al Cristianesimo, Citadella Editrice, Assisi, 2002, pp. 73ss

[3] Lorenzo de Santos Martín (2010), La mano de Jesús: signo de su identidad y manifestación de la presencia del Reino. 5.1 , El Hacer de Dios. El Hacer de Jesús, en Lorenzo Santos Martín & Santi Grasso (eds.),  “Perché stessero con Lui” Scritti in onore di Klemens Stock, S.J., nel suo 75’ compleanno, Gregorian and Biblical Press, Roma, 2010, pp. 237 ss

[4] Lectio Divina per la Vita Quotidiana, a cura di Giorgio Zevini e Pier Giordano Cabra, Vol. 10, Il Vangelo di Luca, Editrice Queriniana, Brescia, 2008, pp. 103 ss.

[5] Maximilian Zerwick, S.J. & Mary Grosvenor (2010). A Grammatical Analysis of the Greek New Testament. Gregorian     & Biblical Press (GBP), Roma. Y BibleWorks 10, Software for Biblical Exegesis and Research, Norfolk, Virginia.