image_pdfimage_print

II Domingo de Cuaresma

Comentario social

13 de marzo de 2022

Ciclo CLc 9, 28b-36

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

En el segundo domingo de Cuaresma, pasamos del retiro de Jesús en el desierto y la tentación del demonio a la gloria manifestada en la Transfiguración. En el primer domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios hacía énfasis a la dimensión antropológica del Seño, en este domingo los textos de la liturgia cuaresmal nos quieren aproximar al misterio de Dios en la historia.

Dios conoce nuestra condición humana y, por eso, en el camino de la vida nos hace pregustar en algunos períodos esa felicidad definitiva para la que nos ha creado. Este es el sentido de la transfiguración. La alianza entre Dios y Abraham descrita en el libro del Génesis, señala el paso de lo provisorio a lo definitivo, en lo material encontramos lo eterno y trascendente, actuando y respondiendo las aspiraciones humanas más profundas. Abraham aparece como el modelo del que cree y confía en Yahvé, que viene a su encuentro. La confianza, le abre las puertas de la posesión de lo que espera.

El texto paulino de la comunidad de los filipenses expone que la moral cristiana, está centrada en el hombre, no en una parte, como lo manifestaba la casuística judía, moral de la esperanza que no puede perderse en una dimensión del hombre, sino en las aspiraciones de una humanidad siempre en cambio, y en busca de respuestas desde la gracia y fe del evangelio. Con frecuencia nos olvidamos de estas enseñanzas de Jesús y, o bien nos desalentamos y perdemos la esperanza cuando nos encontramos sumergidos en la prueba; o nos resignamos con fatalismo a soportarla.

La Transfiguración del Señor Jesús en el monte, abre caminos de luz y da sentido a la pasión y muerte de Cristo, es preludio de su gloriosa Resurrección (cfr. Lc. 9, 21-25). Esta teofanía aclara las tinieblas que hay en la pasión, devela el sentido de una caminar de Jesús y los suyos hacia la muerte, victoria oculta en la Transfiguración. Lucas indica que los tres discípulos estaban durmiendo mientras Jesús oraba. Volverán a dormir mientras Jesús ora en el Huerto de Getsemaní antes de su Pasión y muerte.

Al despertar, Pedro y los discípulos ven a Jesús transfigurado ya Elías y Moisés presentes con Jesús. Elías y Moisés, ambos personajes significativos de la historia de Israel, representan la continuidad de Jesús con la Ley y los Profetas. En los Evangelios de Mateo y Marcos, se hace referencia a una conversación entre Jesús, Elías y Moisés, pero solo el Evangelio de Lucas explica que esta conversación trata sobre las dificultades posteriores de Jesús en Jerusalén. El evangelista describe esto como su éxodo, conectando la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús con el éxodo de Israel de Egipto.

En cada uno de los relatos de la Transfiguración, los discípulos mantienen en secreto lo que han visto. La gloria del Reino se inicia con la muerte de Jesús, el Salvador comunica la salvación por el camino del sufrimiento, de la Cruz. A este punto los apóstoles, no estaban maduros, para asumir todo el contenido del misterio del Reino de Dios. Escuchamos esta historia de la Transfiguración de Jesús al principio de la Cuaresma, pero tenemos el beneficio de la retrospectiva.

Terminado el momento de la transfiguración Jesús vuelve a la realidad de su camino que lo llevará al calvario. También los discípulos son invitados a levantarse y a no temer y a conservar en su memoria esa experiencia alentadora. Sobre todo, son invitados a poner la mirada en Jesús. En nuestra vida todos tenemos momentos de transfiguración: experiencias de la cercanía y de la presencia de Dios; experiencias de fraternidad y solidaridad. En ellas debemos pregustar esa felicidad plena y definitiva a la que estamos llamados.