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Epifanía del Señor

Comentario dominical

2 de enero de 2022

Ciclo C: Mt. 2, 1 – 12

Por: P. Edward Julián Chacón Díaz, C.Ss.R.

La Epifanía es una celebración más antigua que la fiesta de Navidad, ya que se originó en Oriente a finales del siglo II. La palabra griega Epifanía ( epiphanos ) significa aparición o manifestación o manifestación , se usa para describir la primera aparición de Jesús a los gentiles. Originalmente se refería a la visita de un monarca a los pobladores de su reino. En el lenguaje cristiano se relaciona a la autorrevelación de Dios, así como a la revelación de Jesús como su Hijo a toda la humanidad.

Las lecturas de hoy nos hablan de la universalidad de la proclamación del nacimiento de Cristo. Al mismo tiempo, el evangelio nos presenta lo que implica lograr la información de la buena noticia. Los magos buscan, preguntan, perseveran hasta encontrar a Cristo con María su madre. Además, ellos representan a la humanidad entera, a todos los pueblos a quienes se transmite esa gran noticia del nacimiento del Redentor. Ellos se encargarán, más adelante, de irla transmitiendo como la invitación de Dios a superar divisiones de raza, lengua, nación; a vivir la solidaridad de la gran familia humana, unida en el amor del mismo Dios y Padre de todos.

Se puede pensar que el oro, el incienso y la mirra profetizan el futuro de Jesús, el oro representa su realeza y su divinidad, el incienso un símbolo de su función sacerdotal y la mirra una prefiguración de su muerte y sepultura. Sin embargo, la Epifanía puede verse como un símbolo de nuestro peregrinaje por la vida hacia Cristo. Esta fiesta nos invita a contrastarnos con los sabios de oriente, un pueblo en camino hacia Cristo. Al mismo tiempo expone tres actitudes ante el nacimiento de Jesús:

  • El grupo destructivo: el rey Herodes consideraba a Jesús como una amenaza potencial para su realeza. Herodes ‘el Grande’ fue un rey cruel y egoísta que asesinó a su suegra, esposa, dos cuñados y tres hijos bajo sospecha de que habían conspirado contra él. Hoy en día, muchos se oponen a Cristo y su Iglesia debido a sus motivos egoístas, sus malos caminos y sus vidas injustas. Los niños todavía tienen que temer a Herodes. Solo en los Colombia, cada año se aborta a más de cien mil (100.000) niños inocentes no nacidos.[1]
  • El grupo que ignoró a Cristo: Los escribas, los fariseos y los sacerdotes judíos sabían que había cerca de 500 profecías en las Escrituras hebreas acerca del Mesías prometido. Pudieron decirle a Herodes la hora y el lugar exactos del nacimiento de Jesús. Tenían la costumbre de concluir su lectura de los profetas en el día de reposo diciendo: “Ahora oraremos por la pronta llegada del Mesías”. Desafortunadamente, estaban más interesados en sus propias ganancias egoístas que en descubrir la verdad. Por lo tanto, se negaron a ir a ver al niño Jesús, a pesar de que Belén estaba bastante cerca de Jerusalén. Hoy, muchos cristianos nos recuerdan a este grupo. Practican su religión por motivos egoístas, como ganar poder político, prestigio y reconocimiento por parte de la sociedad, pero ignoran las enseñanzas de Jesús en su vida privada.
  • El grupo que adoraba a Jesús y le ofrecía regalos: Este grupo estaba compuesto por los pastores y los magos. Adoramos a Jesús en la Eucaristía, todos los días si podemos, con el oro de nuestro amor, la mirra de nuestra humildad y el incienso de nuestra adoración. Ofrezcamos a Dios nosotros mismos, prometiéndole que usaremos sus bendiciones para hacer el bien a nuestros semejantes. Podemos eliminar o disminuir la oscuridad del mal que nos rodea siendo, si no como estrellas, al menos como velas, irradiando el amor de Jesús mediante el servicio desinteresado, el perdón incondicional y el cuidado compasivo.

Finalmente, la manifestación del Señor nos recuerda la mayor y más grande noticia en la historia de la humanidad: Dios ha entrado en nuestra historia; nos habla también de la universalidad del mensaje salvador: es para todos sin distinción y, finalmente nos recuerda la responsabilidad que tenemos de transmitir esa información ante todo con el testimonio de nuestra vida, como afirma un poema de Christina Rossetti:

¿Qué puedo darle, pobre como soy?

Si fuese un pastor, le traería una oveja.

Si fuese un Rey Mago, cumpliría con oro.

Pero algo si puedo darle: mi corazón.


[1] Cfr. Estudios sobre el aborto en Colombia: Universidad Externado. https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/ecoins/article/view/4313/5307