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V Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario social

6 de febrero de 2022

Ciclo C: Lc. 5, 1 – 11

Por: P. José Pablo Patiño Castillo, C.Ss.R.

El relato es bello. Uno se imagina al viejo Lucas rodeado de niños y gente sencilla, a quienes cuenta lo que él escuchó  de Pedro o de otros de los maestros apóstoles, acerca de Jesús de Nazaret. Tal modo de anunciar lo consolidaron ellos. Lo aprendieron del Maestro Jesús. Él les enseñó, con la práctica, el oficio que les encomendó: ser pescadores de hombres.

A nosotros, familiarizados con los artilugios técnicos, el celular, el PC., la Tablet…nos suena extraño ese lenguaje de pescadores y pescadores de hombres, para más complicación…  Pero a ellos, israelitas y orientales, les era familiar.  Desde pequeños habían hecho su vida junto al mar, disfrutándolo, es decir, extrayéndole sus frutos, los peces, viviendo de él y sufriendo sus furias. Para ellos el mar era fuente de vida. pero también de muerte. Por sus peligros, amenazas y tragedias, era símbolo del mal. No sólo del físico, también del daño del alma, que aleja de Dios.

Por su trato con el Maestro habían entendido que la opresión, la violencia, la injusticia y el odio venían de que los humanos eran rehenes de “la pasión de la carne, la fascinación de los ojos y la jactancia de las riquezas” como recuerda San Juan en su primera carta, 2, 16.

 Era necesario entonces que ellos con la fuerza de la Buena Noticia del amor del Padre que Jesucristo ofrece a todos, ayudaran a los humanos a liberarse de sus cadenas y nacer de nuevo en Cristo a una vida en el amor y el servicio: ser una humanidad nueva.

El Evangelista sugiere que eso de ser “pescadores de humanos” no es tarea fácil. Aunque los llamados a serlo tengan muchos años, tengan gran experiencia y sepan de métodos, de estrategias y de proyectos deben aprender de Jesús como Pedro y sus compañeros. Ellos eran viejos en años y en mañas de pesca, pero ante el fracaso de su esfuerzo durante toda la noche, acogen de buena gana la indicación de Jesús que supuestamente no sabía del asunto: “Lleva la barca a la parte honda del lago y echen allí las redes para pescar”. Pedro así lo hace. Y la cosecha fue abundante.

Pedro y los compañeros serán “pescadores de humanos”. E irán aprendiendo que el apostolado es un arte y una entrega. No es estrategia para pescar con engaño a la gente o atacando su libertad. Es salir al encuentro de las personas para que libremente acojan el mensaje de la misericordia del Padre de Jesucristo. Es misión encomendada a grupos de hombres y mujeres, ya acogidos al amor de Dios, bajo la dirección de un supremo responsable que es Simón Pedro, y sus sucesores. Obispos de Roma. A ellos, a Simón y a sus compañeros, y a los actuales encargados de la misión dice Jesús la misma palabra estimulante: !No teman!

Más aún, la encomienda de Jesús también se extiende a todos los cristianos, discípulos de la misericordia: “Vayan y anuncien la Buena Noticia a todas las gentes”. El Papa Juan Pablo II dijo que el cristiano es apóstol o no es cristiano. El ejemplo y la buena vecindad serán el medio para llevar a familiares y vecinos al amor del Señor. El Papa Francisco nos dice que, con frecuencia, hemos de echar una mirada, discreta y respetuosa, a los vecinos para ver en qué podemos ayudarles. Pues dentro del abanico de servicios que podemos prestarles está precisamente el de llevarles la buena noticia del conocimiento de Cristo, que los ayude a ser más humanos capaces de convivir con los demás, incluso la creación. El amor a Dios y la creatividad serán los mejores medios para ser con ellos, como los apóstoles, “pescadores de hombres”.